Beber veneno

(Publicado en Jaén hoy, Grupo Joly el 21/1/2025)

El odio, esa aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea, mezcla de antipatía e iniquidad, es un sentimiento despreciable que existe desde que el mundo es mundo. Lo ves, te lo cuentan, lo sufres y, si eres ciertamente indigno, lo proyectas.

Pero la verdad, y como dice un proverbio chino, es que guardar odio en el corazón es como beber veneno y esperar que la otra persona muera. Porque odiar conlleva destrucción, más propia que ajena. El odiador vive obsesionado con dañar la dignidad, y hasta la vida, de otra persona, abominando de ella. Se odia por envidia, por celos, por ansias de dinero, de poder… Y, en el camino, ese mismo odio se gira y te mata.

Parafraseando a Borges, el olvido es la única venganza y el único perdón. Esto, tremendamente difícil de aceptar para la mayoría, se complica aún más cuando algunos cobardes intimidados, como los llamó George Bernard Shaw, con poder sobre determinados grupos sociales, lejos de olvidar y perdonar, despiertan un odio desmesurado, acérrimo, hacia una raza, unas ideas, una religión, una lengua, un modo de vida, una forma de gobierno, un país, un grupo de personas… levantando un muro, una trinchera que divide y maltrata a los que antes se entendían. Si no hablas como nosotros, no piensas como nosotros, no votas como nosotros o no rezas como nosotros, no eres como nosotros.

El peor, el más cobarde, es ese que aviva la llama, que despierta el mal en las almas de los vendidos, sin otro fin que su propio interés. Aunque para ello provoque mil males.

Ese odio está aquí, delante de nuestras narices, en nuestro mundo, nuestro país, nuestras ciudades, barrios e incluso dentro de nuestras familias, destruyendo todo lo que toca. Mientras, él se regodea y con sonrisa cínica se lo lleva para la saca.

https://www.jaenhoy.es/opinion/articulos/beber-veneno_0_2005686311.html

Pecado capital

Mírala, qué fea se ha puesto…
Dice que no, pero seguro que está a dieta. Anda por ahí más delgada, sí, pero eso le hace la cara más arrugada. Además, el culo no hay quien se lo arregle.
Siempre fue culona y de poco pecho. Ahora tiene el culo plano, como una torta de maíz, pero a lo ancho, y el pecho en el ombligo. Y es que ya tiene una edad.
Y esos picos de las caderas… Ésos no se los quita ni con un cincel. Horrorosa, con esa carita de buena…
La muy puerca se metió en medio y me quitó el novio.
Cierto que no era mi novio todavía, pero eso da igual, porque lo iba a ser… Él no lo sabía, ni ella tampoco; pero yo sí.
Mírala ahora, mi amiga: fea y viuda. Un poquito de veneno para las ratas en el café y el tonto se fue para el otro mundo.
¿Para qué se lo bebió el muy cretino? No era para él. Mira tú por dónde, a ella no le gusta el café. Siempre ha sido muy tiquismiquis.
Y él venga a beber, el idiota. Pues nada, que se joda.
Y ella ahí va, paseándose por la playa. Ya me mira, ya me mira…
—¡Hola! —la saludo en la distancia.
Se quita el sombrero y me sonríe.
¡La muy envidiosa!