Ilusiones

En ocasiones, vienen a mi memoria recuerdos de ilusión. Esperanzas cuyo cumplimiento parecía, en su momento, verdaderamente atractivo. Una carrera profesional destacada, un brillante éxito literario… Hoy, desde una edad ya importante y una vida rica en experiencias, el espejismo parece sacado de una suerte de inteligencia artificial, de esas que colorean y rellenan con gentes inventadas esas ajadas fotos en blanco y negro. A veces, la ilusión acaba por darte risa. La trayectoria profesional no es más que una estupidez, una manera de gastar la vida a la vez que te permite pagarla. Realmente, en mi caso, cuando esa ilusión se vio truncada, absolutamente rebanada de mis expectativas, sólo sentí alivio, una ligereza casi pecaminosa. Lo único que echo de menos de aquella época es el sueldo, sobre todo las pagas extraordinarias, pero ni por todas ellas juntas en una sola volvería a hacerlo. Lo dije al salir por la puerta: nunca más trabajaré en esto. Ya está bien. Y es que 28 años haciendo y peleando por algo que no te gusta, es suficiente.
Y luego está la otra, la literaria, la que me ha tenido años con la miel en los labios, la de la eterna finalista.
No voy a negar que es bonito que te lean. Me gusta cuando me dicen que me han leído y les ha gustado,
me hace sentir bien, en paz con mi alma. Es una sensación extraña, próxima a la plenitud. Es como pasar a otro “score” del Duolingo. Una se eleva, siente que ha cumplido un poco con la vida, con el mundo, con sus semejantes, con la historia, con la
familia, el apellido… incluso con Dios. Pero también es un espejismo. Nunca se llega a la meta. Jamás. Al menos yo no.
Ahora, a punto de rendirme, o al menos no tomándome ya tan en serio como solía hacerlo, veo a amigos, colegas, que empiezan a sentir aquello que yo sentía cuando creía tocar el cielo con las manos. Y me alegro a la par que me apiado de ellos.

Porque escribir sin padrinos, sin nombre, sin enchufes, sin cobrar, no es fácil. Aquí, nuevamente, lo que echo de menos es el sueldo y las pagas extraordinarias. En este caso por su inexistencia manifiesta. Inexistencia presente, pasada y futura, si la diosa Fortuna no lo cambia.
Hacerse un hueco como
escritora con derecho a lectores e ingresos es complicado. Y que unos cuantos miles de personas lean mis novelas comprándolas, y no solo los relatos y artículos gratuitos en mi
blog o en mis redes sociales, debería hacerme sentir importante, feliz, satisfecha. Y por un momento casi lo consigo, pero, como digo, solo era otro espejismo. Siempre quiero más, cualquier meta conseguida me lleva irremediablemente a soñar más; hasta que, por salud y economía temporal dije: «Ya; hasta aquí».
Escribiré, pero sin soñar más.

Es duro despertar cada mañana del mismo sueño incumplido. Es duro releerte y nunca gustarte. Es duro incluso dormir cuando el sueño no tiene nunca un final.
Sólo he conocido una ilusión de verdad, una ilusión de las buenas, de las nobles, de las del alma. La ilusión de formar una familia con la fuerza de un amor inmenso. Esa ilusión se sigue realizando cada instante de mi vida, pues no se trata de algo que se cumpla y caduque. Esa es real, no es un espejismo ni requiere de extras ni medallas. Solo requiere de amor. Eso sí, de mucho amor. De renuncias propias y ajenas, de voluntad, de esfuerzo, de alegría, de bondad. Es la única ilusión de la que no me he arrepentido.
Ahora que recojo mi siembra, que por fin he aprendido a vivir, sólo quiero mantenerme fiel a esa ilusión, merecerme esta familia. Los demás aplausos no me importan. A menudo los aplausos vienen precedidos de mentiras y seguidos por trampas.
La vida es así.
A menudo hay que detenerse a respirar, mirar alrededor y tomar conciencia de la posición, fijar el Norte. A menudo hay que perder el norte para encontrarlo.
Aunque no negaré que, en ocasiones, muchas, sueño con esas nada estéticas ni bellas ni románticas ni literarias , pero sí muy prácticas, pagas extraordinarias.
De ilusiones vive el hombre. Y yo también.


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4 opiniones en “Ilusiones”

  1. Mi admirada Teresa, hay veces que cuando uno com mis ya 69 ‘tacos’, ‘pensionista’, aunque creo que tan activo como siempre, aunque en menestares más enriquecedores y muchísimo mas absolutamente míos…No puede imaginar hasta que punto las idas y venidas del ‘coco’ hasta aprender a vivir (según mi concepto de hoy…), y mañana ya veremos, me han hecho re ordenar mi vida y hacer que la ‘azotea’ se comunique, de manera fácil, con la ‘caja de sentimientos de más abajo’.Y sí, sin duda, esto de ahora es como la sublimación de una vida entera, muy muy muy pocos amigos, caben en una mano, mi familia, (compañera de vida, hijos y nietos), y nada más me han hecho obviar trabajo, triunfos, fracasos, compromisos, tantos días hurtados a lo importante, etc.Ahora ya no hago nada que no me guste…Y al grano, se lo ruego, no deje de escribir…Un abrazo y bienvenida al mundo de ‘lo importante’, como dice Eslava Galán ‘Cocina sin tonterías…’

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