Seis pastillas

En la historia del mundo ocurren de vez en cuando, y entre periodos de enorme aburrimiento, acontecimientos importantes que suponen un cambio brusco, un salto en el tiempo, el inicio de una nueva era. Hechos como el descubrimiento del fuego, la invención de la rueda, la escritura, la conquista de América, la Revolución francesa o la bomba atómica provocan que la vida deje de ser como venía siendo y se abalance con valentía, o sin más remedio, a lo desconocido. 

Lo mismo sucede, a grandes rasgos, en nuestra pequeña historia. Los días se repiten sin pena ni gloria, pasan los años de manera suave y escalonada y vamos cubriendo etapas: bautizo, comunión, colegio, universidad, trabajo, boda… De niño a adulto, de hijo a padre, sin enterarte, hasta que de repente te percatas de cuán mayor te has hecho y cuentas los años que te quedan para ir al cine con descuento y cobrar la pensión, si es que queda algo cuando llegues. Ya no eres el que siempre has sido, a pesar de seguir siendo el mismo. Y la ropa no te queda igual, aunque ocurra el hecho insólito de que tengas la misma talla. Ni pesas igual. Se ha producido una metamorfosis profunda. El capullo se ha convertido en mariposa. O viceversa.

Esto es lo que sucede en ese instante mágico en el que uno deja temporalmente, la felicidad no dura para siempre, de asistir a bodas (lo que da un cierto respiro), para pasar a ser convocado cada vez con mayor asiduidad a funerales y exequias. Toca despedir a amigos y familiares que, en el mejor de los casos, tenían cierta edad, que incluso a veces son de la tuya. O menos… Lo que te pone aún más los pelos de punta.

Tú asistes con cara de circunstancia y, si el tiempo lo permite, con un jersey oscuro de cuello vuelto, que siempre viene bien para ocultar los signos inequívocos de la edad, aunque tienes claro que los que están allí la conocen; pero alegrándote secretamente de tu suerte: después de todo estás vivo y ahí sigues, dando guerra, yendo a entierros. Con tus seis pastillas diarias de media, más las de los dolores, los “paracetamoles”, cuyo número varía según la meteorología.

¿Qué le vamos a hacer? La otra opción, la de ser el protagonista del sarao, es peor. En estos casos es preferible ser actor secundario. Además, como decía Gandalf el mago en El Señor de los anillos: “Un héroe sólo juega un pequeño papel en las grandes hazañas”. C’est la vie. Sólo nos queda esperar que, la que nos quede, nos dejen vivirla en paz algunos políticos que padecemos, cuyo deseo es convertir este país en Gotham, y sin murciélago que lo evite. De ésos quizá sí, más pronto que tarde, y en sentido figurado, te gustaría asistir a su funeral y, dependiendo de tus creencias, proclamar en tono circunspecto: ¡Por fin! ¡Todo llega! o ¡Alabado sea el Señor!

Entonces, compasivo después de todo, rememorarás aquel salmo que dice: “Que en verdes praderas me hace recostar. Junto a tranquilas aguas me conduce, me infunde nuevas fuerzas…”. A lo que el coro de los desesperados contestará: “Amén”. Y, emocionado, sueñas despierto… Y que yo lo vea.

(Publicado en el diario digital Jaén hoy el 11/2/2025).


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4 opiniones en “Seis pastillas”

  1. Buenas noches, Como no ha funcionado contestarle en su blog, cosas de la tecnología informática, me atrevo a hacerlo por este medio.

    Lo suyo señora, es la caña. Siempre que la leo, sus libros, su blog, la prensa…,tengo la misma sensación cuando me encuentro entre las líneas que escribe eso tan raro, por infrecuente, que se llama ironía, y que yo cultivo creo que desde que me concibieron mis padres. Cuando las leo es como si muchas de las ideas que desarrolla fuesen un martillazo para la conciencia, pero dicho como lo dice me provocan esa media sonrisa que me provoca la ironía.

    Cada vez me preocupan menos cosas, y me interesa conocer muchas más, debe ser la edad, ya son 67 ‘tacos’, que diría el castizo; pero no tengo envidias dignas de mención, solo envidio cosas sin importancia, pequeñeces como decía el genial Groucho Marx ‘Un pequeño yate, una pequeña mansión o una pequeña fortuna’. Pero hay algo que envidio y que usted posee, una finísima ironía y genialidad.

    Y sí, yo también, a ver si El Señor, quiere que se cumplan mis deseos más negros con respecto a este ejercito nauseabundo que nos ‘desgobierna’, y desaparecen pronto y de la peor manera posible y voy al infierno, lo daría por muy bien empleado.

    Gracias por permitirnos leerla… Saludos.

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    1. Muchas gracias, Germán.
      Por esas cosas extrañas de la informática, que a casi todos nos vuelve locos, efectivamente me ha comentado en mi blog. Y se lo agradezco muchísimo.
      Siempre es un aliento leer sus opiniones sobre mis escritos. Me anima a seguir.
      Lo de la ironía… Sí, la verdad es que siempre he sido una fiel observadora de las conductas humanas. Sobre todo, de las aparentemente más triviales. Esas, en definitiva, son las que determinan todo.
      Eso y una dosis de humor es lo principal. Sin olvidar que el diablo está en los detalles…
      Muchas gracias de nuevo .
      Un saludo,
      Teresa

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