Pecado capital

Mírala, qué fea se ha puesto…
Dice que no, pero seguro que está a dieta. Anda por ahí más delgada, sí, pero eso le hace la cara más arrugada. Además, el culo no hay quien se lo arregle.
Siempre fue culona y de poco pecho. Ahora tiene el culo plano, como una torta de maíz, pero a lo ancho, y el pecho en el ombligo. Y es que ya tiene una edad.
Y esos picos de las caderas… Ésos no se los quita ni con un cincel. Horrorosa, con esa carita de buena…
La muy puerca se metió en medio y me quitó el novio.
Cierto que no era mi novio todavía, pero eso da igual, porque lo iba a ser… Él no lo sabía, ni ella tampoco; pero yo sí.
Mírala ahora, mi amiga: fea y viuda. Un poquito de veneno para las ratas en el café y el tonto se fue para el otro mundo.
¿Para qué se lo bebió el muy cretino? No era para él. Mira tú por dónde, a ella no le gusta el café. Siempre ha sido muy tiquismiquis.
Y él venga a beber, el idiota. Pues nada, que se joda.
Y ella ahí va, paseándose por la playa. Ya me mira, ya me mira…
—¡Hola! —la saludo en la distancia.
Se quita el sombrero y me sonríe.
¡La muy envidiosa!