La probóscide

Nada como los documentales del National Geographic para aprender infinidad de cosas tremendamente útiles porque, quieras que no, nada en este mundo es un hecho aislado, todo es extrapolable. Me maravilla la evolución de las especies y sus enigmas, como el de la infame muela del juicio que en unos casos no aparece y en otros, como el mío y a mi edad, decide martirizarme con un par de picos. Otros caracteres, sin embargo, traspasan milenios y arraigan, a veces, en especies equivocadas. Pongamos por caso la probóscide de las mariposas, también conocida como espiritrompa, esa hábil trompa con la que chupan el néctar de las flores. Lo más curioso es que estos lepidópteros disponían de ella hace más de 200 millones de años, cuando aún no existían las flores. Se ve que andaban deseosas. Pues bien, algunos humanos aun careciendo de probóscide disponen, no obstante, de su funcionalidad. Con una memoria genética confusa, y siempre en posición servil, se colocan de cara al trasero del poderoso, trasero en el peor de los casos blandengue, en algunos incluso peludo y que solo los más atrevidos lucen curtido por el sol y, como lindas mariposas, chupan, lengüetazo arriba y abajo, en busca de algún beneficio que les aporte mejor sustento que el dulce néctar de una flor.