Los hombres buenos sí existen 

Me precede la fama de feminista, que no lo soy, y parece que ando siempre a la caza y captura del hombre canalla, cruel y cobarde, como si todos fueran iguales. Y no, no es así, por suerte.

Si profundizamos y nos esforzamos en la búsqueda, observamos que de todo hay en la viña del Señor. Aunque de todos es sabido que “lo malo abunda”.

Pero hoy, resfriada, con la nariz colorada, la garganta afectada y los mocos a flor de piel, me he tumbado en el sofá y entre tos y tos, leo en internet:” Los hombres buenos, fieles, atentos, románticos, trabajadores y detallistas, sí existen …Solo que estamos gordos …

Me ha dado muchísima risa porque me he acordado de unos cuantos amigos, buenos ellos, y, la verdad, unos kilitos sí que les sobran… Aunque, la regla no se cumple en su totalidad ya que también los hay gordos que son unos impresentables, devoradores no solo de cerdo ibérico y cerveza alemana, sino también  de almas femeninas que, locas de amor, buscan una y otra vez sentirse queridas. Así que cuando uno dice de ser cabronazo, lo es con independencia del grosor de su barriga.

O sea que, puestos a analizar la situación, se pone de manifiesto  una preponderancia de gordos que son buenos tíos y alguno que otro delgado que también lo es, por lo que le auguro un acrecentamiento abdominal incipiente.

Pero lo que me planteo es para qué anhelamos  las mujeres esos dioses griegos sublimes de traseros inquietos, narices romanas y brazos escandalosamente musculados, si ello no va acompañado de los atributos que describe el post. Porque lo peor es que los cogemos guapos pero los queremos románticos, deseamos tabletas de chocolate que nos pongan a mil por hora  y, sin embargo, lo que nos derrite es que jamás olviden un cumpleaños o un aniversario y aparezcan con su sonrisa encantadora y un maravilloso ramo de rosas rojas que significa un te amo. Y, amigas, la perfección no existe…

Puestos a elegir recomiendo quedarse con los buenos, porque lo que necesitamos es amor, compañía, comprensión, pasión y entrega. Hombres que se sienten a tu lado en el sofá y dejen que descanses tu cabeza en su hombro, que te miren y puedas leer en sus ojos. Queremos hombres tiernos que en vez de recrearse en el espejo, nos miren el alma. Hombres valientes pero sensibles, que te abracen y te transmitan esa sensación de bienestar que te llena de gozo y te hace sentir que eres única e insustituible. Que esos pequeños defectos que tenemos, porque no nos engañemos, nosotras tampoco somos perfectas, sean pecata minuta para ellos. Nos gusta que nos cojan la mano y nos toquen el alma, nos acaricien el pelo y nos miren a los ojos haciendo volar nuestra imaginación hacia asuntos más sublimes.

Por tanto, los  magníficos y maravillosos, hombres diez están muy bien para un álbum de fotos, pero…sabéis ???

Estar gordo tiene arreglo, basta con tomar pescado al horno y buenas dosis de lechuga y coles de Bruselas. Bajarán de peso pero su corazón seguirá siendo el mismo: dulce, amable y tremendamente honesto. Compramos todo el armario nuevo, varias tallas menos y los tendremos  a nuestros pies, porque dependen de nosotras para seguir con la dieta. Sin embargo, aquellos canallas, por más guapos que sean, con índice de masa corporal en diecinueve, pequeñas canas que van apareciendo en su cabello dándole un toque mágico de hombre maravilloso que te quita el hipo, vientre plano y culo prieto… no nos sirven de nada si todo ello no va acompañado de esa sensibilidad e inteligencia que les lleva de cabeza a saber amar. Porque saber querer no está al alcance de todo el mundo, como saber saltar con pértiga tampoco lo está.

Así que amiga, una recomendación te doy : si tienes que elegir entre un hombre bueno, cariñoso y sensible al que le sobran unos kilos y un adonis que se mira el ombligo y pocas veces se detiene en el tuyo, quédate con los kilos, porque lo de ser gordo tiene arreglo pero ser un gilipollas no lo tiene. Nada, nunca , que no te engañen… Esa condición forma parte del núcleo interno del cerebro del ser humano y no hay psicólogo ni medicación alguna que lo  arregle.

Ya te digo, antes de tener que ir tú al psiquiatra, es mejor que lo lleves a él al endocrino.

Cuando eres una estrella 

A las 7 de la mañana suena el despertador y arrastrada de sueño pongo la radio. Resulta tremendamente extraño abrir los ojos con una buena noticia pero, aunque  en honrosas y destacadas ocasiones ocurre, pueden contarse con los dedos de una mano.

Sin embargo sí que escucho algunas absolutamente absurdas, faltas de coherencia y sentido común, como los continuos  cruces de insultos de nuestros políticos que parecieran haber sufrido una enfermedad autoinmune que los lleva  de cabeza a acabar con su carrera, solitos, sin más ayuda que sus propios argumentos. Y me pregunto, así, tan temprano, si no me contarán estas cosas tan ridículas para que me despierte por completo, ya que mis ojos, mis músculos y lo más importante, mi cerebro, se niegan al desasosiego que me produce salir de la cama, cuando aún es de noche, y correr como una bellaca hacia el primer café de la mañana. Pero la mayoría de las noticias son desagradables y dolorosas: ladrones de guante blanco por acá y por allá en ese eterno juego de magia de ahora me ves, ahora no me ves… guerras, hambre, miseria y falta de humanidad.

Tal aglomeración de insensateces me hace pensar que nada puede ya sorprenderme, pero… Eureka!!! La realidad supera la ficción y a veces me arroban con un primer plato que te deja con la boca abierta y la mano preparada para dar una hostia del siete. Porque cuando un señor,  por llamarlo de alguna manera, amorfo, con unas ideas del pleistoceno, nos muestra su cara ridícula, su sonrisa lasciva y su hechura de sacamantecas y declara que:”Cuando eres una estrella puedes hacerles lo que quieras”, refiriéndose a las mujeres, es que aparte de ser un gorrino engreído, es también un paranoico y un estúpido a las finas hierbas.

Quien se habrá creído este viejo verde, analfabeto funcional, feo en demasía y desagradable hombre, que es?

Dicen que el dinero no da la felicidad, aunque todos coincidimos en que ayuda bastante, pero lo que está claro es que lo que no da es ni pizca de inteligencia y mucho menos tiene nada que ver con la vergüenza y la más básica  educación.
Que las besa sin preguntar, que las agarra del coño… que se dejan hacer, que les compra muebles… No me cabe duda de que hace mucho tiempo que esta especie de orangután millonario con peluquín no se ha mirado al espejo.

Sus ideas políticas son patéticas y desfasadas , su personalidad hitleriana. Miedo da solo pensar que pudiera llegar a gobernar una potencia como los EEUU. Pero es que además, sin todo el artificio que lo rodea, lo pongas donde lo pongas, si lo sacas de la política o lo aíslas del mundo, este hombre seguiría produciendo en mí y, me atrevo a decir que en la inmensa mayoría de mujeres,  un asco profundo.

Entre sus atributos no está solo el ser machista, sino también maleducado, grosero, soez y burdo. Con solo verlo te baja la libido de manera drástica, así, de sopetón, y es una pena porque para las mujeres no hay viagra.

Sr. Trump, no sé a quien besará usted, así,  sin avisar, a contrapelo, aquí te pillo aquí te mato… como un joven Adonis que las va desmayando de placer.

Por supuesto hay gente para todo, tanto de un género como de otro… Pero cuidado, mister coloretes, con esa innata y elegante forma de ligar, esa exquista caballerosidad, ese saber estar de estrella del firmamento, porque puedes estar seguro de que todas ellas te amarán con total sinceridad por lo que eres, más que una estrella, un estrellado y asqueroso viejo verde fascista y retrógrado.

La bombilla 

Me encantan esas películas antiguas, en blanco y negro, en las que una tenía claro desde el principio quién era el malo, con su rostro un tanto desagradable, formas maleducadas y corte de mafioso  y quién el bueno, ese hombre educado, guapo hasta decir basta, caballeroso y noble. Aquel que reunía todas las cualidades habidas y por haber y que, por alguna argucia del destino, acostumbraba a ser rico. Con las mujeres, lo que ocurría en estas películas es que solían ser buenas casi todas ellas. Y de haber alguna mala, más que mala era promiscua, interesada,  una buscona de tres al cuarto… Pero sobre todo las pintaban torpes, muy torpes, más que nada comparadas con el bueno, y si me apuran, también con el malo, y acababan enamoradas del bueno y maltratadas por el malo. A veces hasta morían arrepentidas dando su vida por el bueno y guapo de turno. Y las buenas , dónde estaban? En el altar con un maravilloso anillo, con  los ojos en blanco de puro amor, irradiando destellos de felicidad.

 En  fin, todo eso es ficción y además de la de antes, pero me sirve para comparar con este mundo, infame a veces, donde nada está tan claro, nada es blanco ni negro. Y nadie mejor que yo para hablar de ese maravilloso gris plata… Los malos se camuflan cual camaleones y no los ves siquiera pasar por tu lado jodiéndote todo el rato. Los buenos no lo son tanto, y, de serlo, no acostumbran a tener esa elegancia innata, esa belleza varonil, esa caballerosidad y, mucho menos, esa cuenta corriente. Y eso no ocurre solo en el plano romántico… Qué va !!! Si así fuera, podría soportarse. Lo normal es que nos rodeemos de personas, amigos ellos, que nos prometen lealtad, que nos sonríen encantados y nos escupen, llenos de simpatía, lo maravillosos que lucimos. Y no tenemos claro si estos lapos son sinceros o no, porque a la hora de la verdad, nada es tan nítido como en las películas y, a veces, estos amigos son de los buenos pero otras nos salen rana y nos amargan la vida con su más profundo egoísmo, nos sacan el dinero y las entrañas  y nos venden al mejor postor. En estos casos, lo peor de todo es que nos han hecho perder un maravilloso tiempo. Porque el tiempo es el bien más preciado. Si no os lo dan, tened por seguro que no le importáis a esa persona. Porque en esta vida se puede comprar casi todo, y más ahora que contamos con eBay y otras plataformas de internet, todo  menos el tiempo. El que no te dan, lo has perdido. El tiempo es un bien escaso y limitado y por más que le miremos el culo, no lleva escrita su fecha de caducidad, ni siquiera un puto consumo preferente.

Así que cuidado con quien lo perdemos. No hay cartel de “cuidado con el perro”. Puede ser una amiga o un amigo, alguien que ves venir de frente, o, por el contrario, alguien dulce y de apariencia frágil, alguien que te adula hasta el extremo y dice querer aprender de ti. Todo es sospechoso… Y sin embargo, donde menos te lo esperes, cuando ya no te crees nada, una persona  te regala una sonrisa maravillosa, lo deja todo para después y te da lo que más valor tiene: su tiempo; para que le llores, le cantes o le cuentes. Y se enciende una luz en tus ojos.

Así que esa claridad de buenos y malos no es tal en el mundo de la no ficción. Cuesta enterarse, de manera que, normalmente, pasada cierta edad, vivimos en una permanente sucesión de decepciones y desconfianzas que nos estrella contra la tierra apenas acabados de rozar levemente el cielo.

Aprendemos, claro que sí. Nos reponemos,naturalmente. Nos levantamos de nuevo cada día mientras nos quede un soplo de vida, deseando volver a confiar.

Pero algo perdemos: esa luz con la que nacemos y que poco a poco se apaga  y nos deja una nueva arruga, una nueva cana…

Así que, amigos míos, no sucumbáis ante la adversidad, no os rindáis. Quizás, cuando alguien nos falle, cuando la decepción más amarga nos desgarre el corazón, no nos quede más solución que esforzarnos por brillar de nuevo, aunque para ello lo más práctico y fácil no sea otra cosa que cambiar de bombilla .