Comienza un nuevo año y con él nacen ilusiones, deseos, esperanzas… O mueren. Porque, si algo aprendemos con el tiempo, es lo equivocados que estuvimos en el pasado, estamos en el presente y seguramente estaremos, o no, en un futuro.
La vida, esa sucesión de aciertos y desatinos, de victorias gozosas o pírricas, de éxitos y fracasos, de ilusiones o decepciones, termina por menoscabar la inocencia, condición que, en su sentido más amplio, se refiere a la falta de culpabilidad de cualquier pecado o crimen, y en su acepción más íntima y personal al estado del alma libre de culpa y pletórica de ilusión.
Mientras dura la inocencia miramos el presente, incluso el futuro, sin tinieblas, con una pureza de corazón que evoca el candor de aquellos días de la infancia en que, refugiados en los brazos de una madre buena, casi tocábamos el cielo… Esa maravillosa ingenuidad que tan felices poseemos y tan desdichados perdemos.
Cada final implica un tiempo nuevo, el mejor y el peor, y el rechazo de aquello o aquellos que nos han dañado. Soltar lastre y avanzar cada vez más ligeros de equipaje; eso sí, con la sensación de que algo ha muerto en nosotros. Por suerte, y rememorando a Dickens, la primavera de la esperanza sigue siempre al invierno de la desesperación.
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Todo comienzo supone muerte previa.Es la catarsis de cada cambio, de cada paso evolutivo, y también de cada nuevo año.Te deseo un nuevo año lleno de felicidad y de éxitos.Un abrazo fuerte.
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Muchas gracias,
Germán.
Feliz año para ti también. Y feliz vida…
Un abrazo.
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Feliz Año!
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¡Feliz Año!
Abrazos.
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Qué gustazo leerte siempre.
✨
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Muchas gracias, querida Sonia.
Igualmente…
Un abrazo.
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