Hoy, caminando por Jaén con el propósito de cumplir con mis pasos diarios, me he detenido un instante en la esquina de una bocacalle que une el Paseo de la Estación con una calle peatonal, muy comercial y conocida por todos, a contemplar una ventana de la entreplanta de un edificio donde trabajé muchos años, la ventana del despacho que yo ocupé como directora de una empresa de servicios; y, donde ahora, se ubica otra empresa con otras personas. Una ventana en una calle muy céntrica, en un edificio muy conocido.
Desde mi posición, mirando desde lejos, veo la figura de un hombre que observa la calle desde esa ventana y me pregunto cuántas veces alguien desde la calle, quizá desde esta misma esquina donde me encuentro yo ahora, me habrá contemplado a mí en la misma posición: de pie, en la ventana, con la frente apoyada en el cristal, mirando todo y sin ver nada, absorta en el infinito, en mis sueños de ejecutiva por obligación.
Me veo allí, el primer día que ocupé ese despacho, y el siguiente y el otro… Veo a mis compañeros de trabajo, los puedo escuchar de nuevo en mi cabeza, sus risas y sus quejas; y yo hablo, siento y pienso con la ilusión incólume, a salvo, sin menoscabo aún.
Entonces creía que todo ese pequeño mundo que divisaba desde la ventana era bello, maravilloso, merecedor del esfuerzo, del sacrificio que me suponía estar allí. Vendiendo, sin escribir. Ocupando mis horas, muchas, sobre los incómodos tacones. Anhelando, sin saberlo, una vida más tranquila, más humana, menos mundana.
Ahora, cuando miro al hombre que permanece firme en la ventana, me parece no ser la misma persona, me cuesta trabajo identificarme e identificar esos sueños. Todo aquello por lo que me esforcé, todo lo que me emocionó una vez, ya no existe. Quizá nunca existió.
Siento que tengo recuerdos que no son míos, que son de otra mujer con mi mismo cabello rubio, con mis ojos, mi cara y mi mal genio. Siento incluso el frío cristal de la ventana en mi frente, a través del flequillo. Conozco el despacho, la oficina y el camino que conduce a ella, pero no soy yo. No me reconozco en esa mujer. Ya no.
Y, sin embargo, ella está en mí, forma parte de mi cuerpo, de mi pensamiento, de mis errores y aciertos. Ella es la responsable de que yo ahora, desde esta esquina, observe esa ventana y sienta que todo eso que ocurrió, todo aquello que viví, ya no existe. Aunque esté en mí, aunque sea yo, y aunque lo escriba. Desde aquí, mirando la ventana.
Descubre más desde TERESA VIEDMA JURADO
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Magnífico texto, ahora a seguir siendo la gran escritora que eres. Un abrazo.
Me gustaLe gusta a 2 personas
Muchas gracias.
Un abrazo.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Yo también me he sentido así.
Exactamente así; hasta que he comprendido que esa felicidad del éxito empresarial o profesional fue un caníbal terrible que me hizo perderme la vida de verdad, y a mis hijos en edad infantil y adolescente, y a mi ‘pareja’, por que lo que fracturaba era una pareja de un hombre y una mujer sin dedicarse el tiempo necesario.
No sé usted, pero yo soy pasional en todo lo que hago, desconozco las medias tintas, y en el trabajo igual.
Ahora me doy cuenta de que eso es una estupidez en el trabajo, porque rompe otras pasiones mucho mas beneficiosas y necesarias.
‘Todo pasa y todo queda…’, como dice el poeta, ahora esos 42 años de trabajo, parece mentira…, me parecen una nebulosa, que solo alimenta o alimentaba mi ego. Ahora soy mucho mas feliz, mis nietos, un buen concierto o una conferencia en la Económica, un almuerzo con alguno de mis poquísimos amigos de verdad, un tardeo que se alarga, un buen libro y mi diario momento Bach. Tiempo de ‘libre disposición’, en suma.
La entiendo perfectamente. Y aunque esa nostalgia es inevitable, para mi ya no es mas que un capitulo de mi libro, el mas extenso, pero no el mas importante.
Un abrazo
Me gustaLe gusta a 2 personas
Los sueños e ilusiones cambian durante el trascurso de nuestras vidas, rotos en muchas ocasiones. Pero solamente los cambiamos por otros u otras personas. Pero lo realmente importante en esta vida, es seguir mirando tanto por la ventana, como por los ojos en ocasiones incluso de otras personas en las que dejamos nuestra huella, así como ell@s, la dejaron en nosotros.
Me gustaLe gusta a 2 personas