Vergüenza ajena

Vergüenza ajena

A veces, determinados comportamientos humanos resultan tan ininteligibles que te preguntas si no estarás frente a una inteligencia superior. Sigues observando, curioso y atento, aunque intranquilo, porque en cada nuevo comportamiento se hace más patente que, definitivamente, algo no te gusta, y comprendes que tal vez has confundido la velocidad con el tocino, la inteligencia con la estulticia. Que te encuentras ante un ser que, como Odiseo, peca sobre todo de soberbia.  La “hybris”, como la llamaban los griegos:una desmesura de orgullo y arrogancia, deslealtad, insolencia, insulto y prepotencia. El ensoberbecido transgrede todos los límites contra los dioses e,inevitablemente, atrae un castigo. Pero, como reza el antiguo proverbio, “aquel a quien los dioses quieren destruir primero lo vuelven loco”.

Así que, cuando, mientras tú te esfuerzas, sientes y padeces, otro, desprovisto de la más elemental empatía, despliega sus plumas como un pavo, suelta una carcajada sonora, casi obscena, y demanda aplausos que ni le corresponden ni merece, entiendes que lo único que te provoca es una infinita, angustiosa y agotadora vergüenza ajena. Y, pasando de griegos a romanos, te preguntas como Cicerón: “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”.

Publicado en Diario Jaén el 23/1/2024

La flor de mis años

La flor de mis años

A estas alturas de diciembre, y acabando ya la tercera tableta de turrón de chocolate, vivo la Navidad con nostalgia de aquella magia de la infancia en la que villancicos, belenes, familia, regalos y frío polar significaban la época más maravillosa del año. Como si los deseos de paz y bondad, la sonrisa inocente, la ilusión y el brillo de una mirada tuvieran más fuerza que todas las contiendas y maldades del mundo. Una magia que sólo vuelves a vivir cuando la transmites a tus hijos. Lo malo es que, con el tiempo, me descubro inerme ante la realidad: que el odio, la guerra, la envidia, el egoísmo y la maldad infinita nunca se agotan; que la ilusión de los niños a veces se quiebra rompiéndoles el corazón. Entonces, la esperanza se torna en desesperación, la justicia en arbitrariedad y tropelía, y una se ve aquí, en la flor de sus años, la cincuentena, preguntándose si ese odio visceral,esa inquina que gusta de dividir en dos bandos, y enfrentarlos, como si no fueran conocidos, amigos, familia…, se deberá a algún tipo de demencia. Me temo que no, la experiencia me dicta que es más común encontrar perversidad que locura. Sin embargo, y aunque no es fácil ser decente en tiempos tan indecentes, no me rindo. Es Navidad y no queda otra que intentarlo.

 

Presentación de “El asesino de la puntilla” en Alcaudete.

Una tarde-noche mágica hablando de literatura y de mi novela “El asesino de la puntilla” en La Casa de la Cultura de Alcaudete. Muchas gracias al Ayuntamiento de Alcaudete, a su alcaldesa, Yolanda Caballero, y a Gádor Moya.

Podéis verlo aquí https://youtu.be/7p73uat5fWg?si=oks4YDsYr0fuazrq