Este mes cumplo 60 años. Soy una abuela.
Ahora que uno puede concederse e imprimirse todos los títulos que quiera, me haré uno de anciana.
Abro el armario y observo interesada su interior: no encuentro nada adecuado para mi edad. Sólo tengo ropa de cuando era joven, o de cuando me creía joven, hace más o menos un mes.
Ahora lo que me iría bien, lo que pegaría, sería algún tipo de refajo negro. Y un delantal gris encima.
En mis delicados pies, unas alpargatas negras, o peor, azul marino, que mira que es feo el color, de esas con las que se amenaza a los niños que se burlan de una al grito de “¡vieja!”.
Además, no me apetece salir. ¿Dónde voy? Sólo quiero estar sola o con mi marido, que ya me tiene calada y me obvia con educación. Y con mi hijo, cuando me regala su valioso tiempo de persona joven que sueña con alcanzar la gloria. ¿Qué le vamos a hacer? Es ley de vida.
No me quedan demasiadas amigas, ni amigos… Creo que pasaron a mejor vida. Quiero decir que las que fueron amigas desde la infancia ya no lo son; o tal vez no lo habían sido nunca.
En esto de las amistades pesa mucho el qué obtengo a cambio. Es un toma y daca. Y yo ya no aporto mucho. Ni patrocino ni enchufo. Pero ofrezco letras, palabras, historias inventadas que nacen en mí con sólo abrir la boca. Historias cómicas, mejor dicho: tragicómicas.
No necesito ni proponérmelo. Me viene. Veo escenas, conversaciones, asesinatos, amores extraños, envidias, ruindades, bondades…
Lo veo todo y todo empieza a fluir, pero me duele el hombro, la cabeza y el cuello. Sin olvidarme del estómago. El calor de este Jaén tan amado me mata, me aburre, me aturde, me exaspera, me deprime, me derrite y me molesta.
Siento la necesidad imperiosa de salir, hablar con personas, ver paisajes, echarme por los hombros una chaqueta, deleitarme en un sueño en el que aún es posible ser yo.
Me miro en el espejo y compruebo que ya vuelvo a lucir canas. Bueno, lucir lucir… no luzco una mierda.
Con lo que yo he sido, con lo que he presumido como si la juventud no tuviera un final.
A los 40 estaba más guapa que con 30, que ya es decir. (He de decir que siempre he tenido un concepto muy elevado de mí misma). A los 50, con mi vestido rojo de Purificación García, señoreaba sonrisa y cintura impropias del medio siglo, feliz de sostener en la mano El caso de las magdalenas envenenadas… ¡Qué tiempos!
Pero uno va subiendo hasta que cae. Y la caída puede ser escalofriante… De repente, mis brazos tienen alas de murciélago. He hecho lo posible por tornearlos, pero, a determinada edad, la fuerza de la gravedad es más fuerza y más gravedad que antes, y la flacidez, otrora silenciosa, avanza ahora escandalosa.
Me rindo, aunque no del todo. Que le den al espejo. Tengo pocos amigos, pero son los mejores. Cuento con un fisioterapeuta que me quita el dolor y encima me lee. Doblemente masoquista el tipo. Y mi familia me quiere, que se dice fácil, pero no lo es.
Vuelvo al armario. Muevo las perchas. Tengo bermudas beiges, verdes y azules; camisetas monas; faldas vaqueras que muestran un margen de pierna —¿procede a mi edad? ¿Y a mí qué me importa?, me respondo—; vestidos que me caben, pero que no definen el cuerpo que yo conocía.
Hay de todo en este armario: cosas antiguas, elegantes, de las que no pasan de moda; cosas nuevas,
la mayoría sin estrenar; cosas bonitas; cosas feas…
Pero no, no hay refajo. Quizá caiga en mi cumpleaños.
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Buenas tardes,Felicidades, no sé si debo…., tras leer su ‘alegato’ de culpabilidad.Voy a ser muy breve, tengo 67 años, en julio 68, me encuentro bien no…, lo siguiente.Mi mente está más lúcida que nunca, la memoria aún no da síntomas preocupantes.
Y sin entrar en detalles ‘todo’ funciona perfectamente, con lo cual esta es probablemente la mejor época de mi vida, si le sumamos que mi esposa y yo hemos conseguido ser amigos, además de lo demás…, después de mil avatares y 45 años de casados (con altos y bajos naturalmente).
Es cierto, que ahora no soy el chaval musculoso o musculado de los treinta y tantos, pero me encuentro estupendo, como puede ver mi autoestima también está estupenda.
Verá Sra. Viedma, su obra aunque breve es estupendísima, al menos para los que nos gusta la novela negra (no sé por qué se llama así…), y de intriga, y su manera de escribir indica lucidez, ironía, picardía ?, y la valentía de quien escribe.
Pero en otro orden de cosas, que sepa usted que me la cruzo por la calle con cierta frecuencia, cuando mi esposa y yo nos dirigimos a hacer nuestros 7 km. diarios para intentar que nuestras articulaciones funcionen el mayor tiempo posible sin contratiempos, y (pido disculpas…), es usted una mujer hermosa, así que siga usted cumpliendo años que algunos vemos cuando nos cruzamos con usted a una mujer hermosa y muy atractiva.
Ánimo y a seguirlos cumpliendo.
Algún día me atreveré cuando me la cruce por la calle a solicitarle que me dedique alguno de sus libros, a riesgo de que me mande a hacer puñetas, pero algún día me atreveré.
Un abrazo,.
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Querido Germán:
En primer lugar, muchísimas gracias por este comentario. Y en segundo lugar: ¿cómo es posible que me vea por la calle, me conozca y no me diga nada?
No sabía que vivía en Jaén…
Yo también salgo cada mañana, muy temprano. Desayuno y luego voy a andar un buen rato…
He corrido el riesgo de ir seria, parecer antipática, o cualquier otra cosa ridícula…
Espero, y deseo, que me pare por la calle , en un merecido descanso de esos kms diarios, y se presente, y me presente a su esposa. Y yo, con muchísimo gusto le firmaré todos los libros que quiera. Del inspector Guzmán he publicado 3, otro anterior era de otra temática…
Tengo otro en el horno… ojalá lo acabe pronto. Aunque en estos casos no se aconseja tener prisas.
Un abrazo grande,
Y por favor, salúdeme cuando me vea, que estaré encantada.
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Tomo nota!!
Que decía Juncal.
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Ah! Los cumplo el 25… 25 de junio… un maravilloso día de verano.
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Madre mía !!
Para mí el verano es una enfermedad que sucede todos los años, no soporto esta canícula inclemente de Jaén y sus cuestas (para terminar de arreglarlo).
Baste decir que yo los meses de Junio, Julio y Agosto me recluyo bajo esa cosa tan malísima que es el aire acondicionado para sobrevivir, y prácticamente no salgo, eso sí, como vivo en Navas de Tolosa, el Navas 13, me coge cerca y con algún amigo/a comemos y hablamos de lo divino y lo humano.
En fin es la enfermedad de cada año, que se le va a hacer !!
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El verano de Jaén, además de excesivamente largo, es insoportable. Yo, en cuanto puedo, salgo volando con mi marido y mi hijo camino de tierras más norteñas…
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Buena elección.
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