El sortilegio

A veces la noche se nos presenta como algo mágico, sobre todo cuando el sueño se pierde en las infinidades de tu mente y llega la inspiración. Es entonces cuando puedes escribir y no necesitas absolutamente nada en la vida más que a ti misma y tus ganas de comerte el mundo. Unas cosquillas acarician tu cuerpo al descubrir lentamente que la sensación es digna de estudio… Aunque más tarde te percates de que eres una incauta que se ha vuelto a equivocar.

Pero otras veces el sueño te vence y te arrastras hasta la cama sin apenas más ritual que lavarte los dientes y frotarte los ojos con un algodón pringado de desmaquillador; todo para hacer desaparecer  la raya negra que te pintaste por la mañana en un intento de lucir cual reina mora.

Pero otras veces la noche es cruel y cobarde porque una se acuesta tal cual y, sin embargo, se levanta con otro aspecto. Tal como hoy. Porque yo no sé si he sido víctima de un sortilegio, de algún mal de ojo de una bruja envidiosa, o qué narices ha pasado, pero al levantarme y mirarme al espejo, no sin antes colocarme las gafas porque no veo un pimiento, las marcas esas horrorosas que aparecen a ambos lados de la parte baja de mi nariz a modo de hendiduras, han llegado a los labios inclinándolos peligrosamente hacia abajo. Intento sonreír con la ilusión de que se eleven de nuevo  y compruebo que el efecto no es el deseado. Sigo con la inspección y descubro unas ojeras que me afean con ahínco, unas manchas se extienden por toda la cara y pienso si mañana lunes podré disimularlas con un toque de maquillaje que, por cierto, he olvidado comprar y ahora me resultará harto inoportuno ya que he gastado mi malogrado peculio en diversos regalos navideños. Pero lo peor no es eso, sino que además, y para mayor abundamiento, el párpado derecho, justo en su extremo, se pliega… Sí, se pliega un pelín, dejando ver una ligera pero pertinaz arruga que me augura un envejecimiento prematuro… Y de repente lo veo todo claro…

Prematuro ???

No!!! No es prematuro. Tengo ya esa edad en la que siempre había considerado que una persona es mayor, pero, entre tanto ajetreo, se han ido pasando los años y no me he dado cuenta de que ya estoy lejos de tener arreglo. Ahora me arrepiento de tantas lágrimas derramadas y tantos malos ratos pasados por asuntos que me han demostrado carecer por completo de arreglo y que me han hecho envejecer física y mentalmente. 

Me levanto la camiseta y observo mi barriga, porque… Dios! Hay barriga donde antes no la hubo… Me giro para no verla y el culo ha ensanchado, cayendo peligrosamente por efecto de la maldita gravedad. De mis pechos decido no hablar, pero corro desesperada a ponerme un sujetador push up…

Conclusión: soy una abuela… Una abuela mona, pero una abuela al fin y al cabo. Intento pensar que eso es bueno, estoy viva después de todo, pero no me satisface el pensamiento, todo lo contrario, me cabrea aún más. Porque en este mundo son pocos los que aprecian la experiencia, ni siquiera la bondad o que te hagan la vida agradable. La vida es dura y si eres mujer has de lucir como una Venus que, cual diosa de la belleza, te haga aparecer con un halo de misterio y una luz abrumadora…

Ganas me dan de llorar de nuevo, pero me acuerdo del párpado derecho y me pongo crema de contorno de ojos, sorbiéndome a la vez las lágrimas y los mocos, lo cual me lleva a toser como una abuela, a pesar de haber ido dejando el tabaco paulatinamente.

Qué remedio tengo ? Me pregunto exhausta.

Mis sesiones de belleza no son tan efectivas como antaño… 

Con el pulgar y el índice derechos estiro el párpado preguntándome si sería capaz de hacerme un lifting; pero es que encima soy de esas personas que se sienten ridículas haciendo tales menesteres…. Y encima me da pánico el quirófano.  Y botox??? Una luz se enciende en mi cerebro. Quizás, si supiera lo que es, me arriesgaría, pero es que no tengo ni idea… Ni tampoco quiero acabar como esas actrices que han perdido la expresión, que no pueden ni sonreír con naturalidad porque les han dejado algo cosido o grapado y ni mover la musculatura pueden.

Total que solo caben dos opciones: o asumir mi aspecto y tirar hacia adelante,  después de todo aún me mantengo sobre los tacones a pesar del lumbago y no necesito andador; o encerrarme en casa y buscar tele trabajo… 

Ninguna opción me satisface y opto por una tercera: me quito las gafas … 

Oye ! Ahora estoy mucho mejor, sin duda … Dónde va a parar…

Definitivamente las gafas no me sientan nada bien.

Y salgo a la calle medio ciega pero monísima, al menos para mí…

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